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JUAN MONTAÑEZ, EL DURO CUERO DE UN TALABARTERO

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JUAN MONTAÑEZ, EL DURO CUERO DE UN TALABARTERO

Juan Montañez Reina, maestro albardonero de Colmenar.
No hace tanto tiempo, unos treinta o cuarenta años, antes de que los tractores, camiones y coches llegaran al pueblo los caballos, burros y, sobre todo, las mulas hacían resonar sus cascos por las empedradas calles de Colmenar al salir o volver de los cortijos y lagares. Se dice que de cada dos casas del pueblo una tenía corral para las bestias, pues resultaban imprescindibles para casi todo en las faenas del campo.
Colmenar, capital de lo Montes de Málaga, era y es, además, una encrucijada de rutas muy importantes entre la capital de la provincia en la costa, Antequera, Granada y muchos pueblos del interior, lo que explica también su gran tradición en el antiguo oficio de la arriería.
De ataviar a las bestias, tanto para las faenas del campo como para la monta, se encargan los albardoneros, cuyo antiguo oficio consiste principalmente en la fabricación del apero completo de la caballería, que consta de la albarda, el albardón, la albardilla, el ropón, la sobrejalma, el mandil, el ataharre y la jáquima. Además fabrican los aperos para las distintas faenas del campo y la carga, como las cinchas, los costales, las alforjas, los tiros para la trilla, el anterrollo, la forja, la mata para la paja, etc.
Juan Montañez Reina todavía recibe en su taller de la calle Empedrada, donde ha trabajado en la albardonería desde los años sesenta del siglo pasado. En aquel entonces había unos tres albardoneros en el pueblo, entre ellos Juan Cuesta y Francisco Carnero Palomo, que fue su maestro. De padre arriero, Juan intentó de joven trabajar en Correos, pero la paga no “daba ni para agua”, y cuando Francisco Carnero le ofreció trabajar en su taller no lo dudó y así fue como se inició en el oficio. Los encargos no faltaban nunca y se vivía más o menos bien, por lo que pronto pudo abrir su propio taller y comprar en Comares su primera máquina de coser, de la marca Singer, por quinientas pesetas.
A veces había que salir a trabajar a los cortijos, donde se instalaba con sus avíos para reparar los aperos de las faenas. Por ejemplo, iba todos los años al palacio del marquesado de Villanueva de Cauche, hoy cercana pedanía de Antequera, donde igual le encargaban recoser las cinchas de un apero que rehacer un almohadón de cuero relleno de esponja para apoyar las rodillas en la iglesia. Los albardoneros, ya se sabe, con la ayuda de su palmete pueden coser un sinfín de cosas, incluyendo muchos artículos de guarnicionería. En realidad, los materiales básicos del albardero son la lona de algodón (normalmente a rayas de colores característicos), la badana, la tramilla (hilo de cáñamo) y el hilo laso (más grueso), además de la paja para el relleno, pero muchas piezas son de cuero para el refuerzo o las hebillas.
Lo que más llama la atención de los aperos, que sin duda son un reflejo de la creatividad artesanal que fue afianzándose con el tiempo, son sus vistosos y acabados bordados que adornan con lana de colores no sólo los flecos, trenzas, cinchas y remates de muchas piezas, sobre todo de la sobrejalma, el ataharre, el mandil o la jáquima, trazas seguramente del gusto morisco por la geometrías llamativas. Al ser piezas de artesanía, muchos encargos pujaban por ser el más lujoso y elegante, y así su dueño poder lucirlo con mayor orgullo. Este tipo de apero se llamaba carona y era el más vistoso y esmerado de todos, reservado casi siempre para lucirlo en las ocasiones especiales, como las visitas o viajes, las misas o las romerías. Hoy en día, muchas de esas piezas de adorno son incluso apreciadas para decorar casas, cortijos y lagares. El apero de campo es menos vistoso, aunque lleva muchas más puntadas con el fin de aumentar su resistencia.
Ya jubilado tras casi medio siglo de trabajo, Juan Montañez ha querido enseñar su oficio y artesanía a una nueva generación para que no cayera en el olvido, y fruto de su maestría nació en 2006 el taller colmenareño de albardonería Artecol, que es la primera empresa de esta artesanía en la que trabajan un grupo de emprendedoras mujeres.
Talabartería. Juan Montañez juan montañez